El viejo indígena Filemón Tolentino, contaba que en el monte junto al cerro de la localidad del Chamizal, espantaba, porque se aparecían las almas en pena. En el fondo del bosque, en las grietas de las peñas, se percibían formas y sonidos misteriosos, formas de seres sobrenaturales.

PALEMÓN FLORES / colaboración del cronista para ecoshidalgo.com

Algunos lugareños pudieron observar ciertos fenómenos en las conductas de los animales, las gallinas se abrían hacia los lados cacareando como dándole pasó a alguien invisible y los perros aullaban de una manera lastimera y siniestra, temblaban replegándose a sus dueños al paso de los espíritus, cuando se oían sus pasos se escuchaba el ruido como cuando se pisa los pedazos de varas y hojas secas.

Un día un cazador valiente de otro pueblo, tenía seis perros de caza muy bravos que tenían el poder de ver a estas almas y de acabar con ellas. Un mañana muy temprano llego con sus perros de caza y fue adentrándose más y más en el monte y se puso a observar a su alrededor y de pronto escucho pasos, pero no se veía a nadie y llegó al punto en que había visto perderse entre la espesura de las ramas a varias sombras y pensó que eran las almas misteriosas, que se aparecían y desaparecían.

¿Por dónde? Allá lejos, muy lejos, creyó divisar por entre los cruzados troncos de los árboles una forma negra que se movía -¡Es ella, es ella, el alma que lleva alas en los pies y huye como una sombra! -dijo, y se precipitó en su búsqueda, separando con las manos las ramas de los matorrales y los perros se empezaron alborotar y a ladrar muy inquietos -¡Ah!, por aquí, por aquí va -exclamó entonces-. Oigo sus pisadas sobre las hojas secas; -y corría y corría como un loco de aquí para allá, y no las veía.

Y al correr en su seguimiento, quedo jadeante y cubierto de sudor, unas veces creyendo verlas, otras pensando oírlas; viendo que las ramas, por entre las cuales había desaparecido, se movían y de pronto que se sueltan los perros y que empiezan a correr muy fuerte como persiguiendo a una presa; correteando a estas almas.

El campesino siguió a los perros hasta que muy cansado les dio alcance y vio cómo se jaloneaban y se peleaban entre ellos, como queriendo quedarse con una presa, hasta que los vio muy sofocados y como pudo los controlo y en un rato de descanso amarro a los perros y se marchó de este lugar muy pensativo y asustado.

Caminó con sus perros, para ir a buscar a Don Filemón. Una vez que llego a su casa, lo invito a pasar y a sentarse para platicar.

El cazador le contó a detalle todo lo que paso en el monte y después le pregunto, el porqué de estas cosas y el con una sabiduría le respondió “es que las almas en pena son de las personas que en vida fueron muy malas y antes de morir no se arrepintieron de sus malas acciones y en sus actos los guiaba el rencor hacia las personas y por eso son condenadas a vagar en las profundidades del monte y en la oscuridad de la noche por toda la eternidad y se llaman “almas negras”, por eso se mueven y andan en pecado y buscan las indulgencias para salvar sus almas del infierno y tarda Dios muchos años en perdonarlas.

Pero algún día Dios las perdonara y dejaran de asustar y podrán descansan en paz estas almas negras.

Fotos: internet

Por ecoshidalgo

Periodismo de Investigación

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