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Una de las deidades prehispánicas menos estudiada y probablemente con gran relevancia entre los pueblos de Mesoamérica es el arcoíris.
Ahcosemalotl, es el nombre del dios del arcoíris, protector de las aguas míticas de la tierra y regidor de las corrientes e inundaciones.

Esta mañana en el valle de Tulancingo se pudo observar cerca de las 8:00 horas un gran arcoíris de 180 grados.

Lo anterior muy relacionado con las intensas lluvias que se han registrado en la región y que se prevén para este fin de semana.

En el trabajo titulado “El aspecto masculino del arco iris prehispánico”, de Gabriel Espinosa Pineda; explica que el arco iris se situaba en las entradas al inframundo, constituía un eje cósmico: contenía los colores de los cuatro rumbos cardinales más el centro, y era el celoso guardián de las aguas inframundanas.

A la vez, en su origen mítico, el arco iris pudo ser una cihuatéotl, una mujer que murió en su primer parto de naturaleza guerrera a partir de entonces, lo cual explicaría su avidez por aquello que tienen los bebés, los fetos y las embarazadas; sustancias‖ como la terneza, la belleza y la sangre; expresión y vehículo del alma.

Para muchos pueblos indígenas es de mal augurio la aparición del arcoíris en el cielo, es una costumbre evitar verlo, no señalarlo o simplemente buscar protección.

La superficie de la tierra es el lugar idóneo donde radica el agua para la cosmovisión prehispánica, donde fluye por un conjunto de cauces (altipa) hasta formar grupos de cuencas (amecatl) que parten de las cadenas montañosas y se dirigen hacia la costa (tlalmayanco), el agua ahí es vigilada por el Señor Ahcosemalotl (Arcoiris), quien controla las corrientes e inundaciones.

Podría decirse que la aparición de un arcoíris es augurio de fuertes lluvias o de inundaciones, sin embargo es un espectáculo que nos regala la naturaleza y que no podemos dejar de admirar.

Por ecoshidalgo

Periodismo de Investigación

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